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ÁNGELA ARAYA CONTRERAS, ENTRENADORA ECO: “EL MENSAJE DE LA ESCUELA ES UN MENSAJE DE AMOR”

Ha logrado “marcar” a cada alumno e integrante del equipo de la Escuela Chilena de Oratoria con su simpatía, honestidad y entusiasmo. Y es que para la fonoaudióloga y actual directora general de la ECO (32), la entrega de conocimiento debe ir de la mano de afecto, para conectarse realmente con las personas y ser una verdadera luz en sus vidas. Tal como lo hace con su principal fuente de amor: su hijo Adriano.

¿Por qué estudiaste Fonoaudiología?

La verdad es que antes de estudiar fonoaudiología, siempre quise estudiar psicología. Soy de Curanilahue y como no quedé en la UDEC, me fui a estudiar a Temuco. Lamentablemente por mi inmadurez y por los continuos mensajes desmotivadores de los profesores (al ser una carrera muy colapsada), no fui capaz de seguir allá y regresé a Conce.

Yo siempre quise ser independiente, como mi madre, y tener solvencia económica. Por eso entré a estudiar Química y Farmacia en la UDEC, pero con los años me di cuenta que todo era muy frío, y yo quería estar en contacto con las personas. Fui una decisión difícil, y decidí centrarme en algo que reuniera las líneas que me gustaban, y así di con Fonoaudiología, que tenía el complemento perfecto entre la parte científica y la parte humanista. No conocía esa carrera cuando egresé del liceo, de lo contrario la habría estudiado de inmediato.

Pero de ser así, tal vez no estarías en la ECO…

¡Exacto! Ese es el punto. Y bueno, lo que me aportó esas transiciones de carrera fue madurez y el gusto de leer, de investigar. Y precisamente el saber de varias áreas me permite conectarme fácilmente con los alumnos en la Escuela, porque siempre aparece algún tema en común.

¿Cómo llegas a la Escuela Chilena de Oratoria?

Llegué el año pasado de una forma muy inusual. Principalmente fue por mi hermano (estudiante universitario), quien buscaba un curso para aprender a controlar el miedo a hablar en público; una amiga dio con la fanpage de la Escuela Chilena de Oratoria y cuando mi madre vino a inscribirlo, le contaron que había una promoción de dos por uno. Así que ella se inscribió con una tía, inscribió a mi hermano y de paso me inscribió a mí, aunque en ese momento yo no tenía la intención de estudiar (ríe): lo hice para apoyar a mi hermano.

De a poco empezamos a conocernos con Jorge (M. Gutiérrez) y con el tiempo él me sugirió que fuera entrenadora; mientras estudiaba el Diploma en Oratoria, Dicción e Imagen Personal, empecé a ser entrenadora de cursos personalizados.

Al ver el cambio en mi hermano, quien efectivamente pudo empezar a disertar con éxito en su universidad, hizo que yo me tomara muy personal esto; además me encantó hacer clases; me encantó el trabajo en equipo, y todo lo que se hacía en la Escuela. Y en ese momento, al verme tan comprometida, Jorge me invita a ser su socia, y hoy en la ECO con el equipo somos como una familia.

¿Cuánto influye la Escuela en tu nivel de felicidad? 

¡Uh! Enormemente. Te lo doy con un ejemplo: hasta antes de entrar a la Escuela, cuando estaba en la Universidad, siempre me enfermaba mucho, sobre todo de amigdalitis. Desde que estoy en la ECO nunca he faltado un día por enfermedad; he tenido resfríos y cosas que se pasan en uno o dos días, pero al nivel de quedarme en cama y no querer levantarme, nunca.

¿Cómo ha influido? Para mí es un estilo de vida; lo que yo puedo entregarle a los otros, es lo maravilloso. Entonces eso hace que yo me levante todas las mañanas con ánimo.

¿Cuánto de ECO tiene Ángela?

Yo creo que el 100%, tanto mientras soy entrenadora como fuera de la Escuela, porque cambió mi vida no solamente a nivel laboral. Yo voy a alguna parte y sigo siendo entrenadora de la ECO… Es como: “¡Hola, muy buenos días!” (ríe). Es que siento que hay un cambio potente en la forma en que comunico, tanto a nivel profesional como personal, porque a dónde voy mantengo la misma actitud, y siento que el mundo te lo devuelve: si yo sonrío, el mundo me sonríe. Y tengo esa predisposición siempre, vaya donde vaya. Siempre soy igual y siento que ese fue el cambio.

Éste es mi primer trabajo, y antes de entrar a la ECO pasaba mucho tiempo sola; me dediqué a leer, a ver películas y series, y me perdí de muchas cosas. Lo anterior me sirvió, porque siempre tengo algo en común con todos mis alumnos. Pero ésta es la etapa de entregar mucho.

Y al revés, ¿cuál es el sello que aporta Ángela a la Escuela Chilena de Oratoria?

El alma de la ECO es Jorge; él es el fundador y el rostro visible. Él es la persona que más conozco que se cree el cuento. Jorge no duda. Yo, en cambio, aún tengo duendes por el hecho de que es mi primer trabajo y no tengo tanta experiencia laboral. Eso me frena, pero aún así siento que la ECO tiene harto de mí: tiene mi entusiasmo, tiene mi honestidad, tiene mi entrega, y principalmente tiene el amor que le pongo. Con toda humildad, siento que hay un antes y un después de cuando llegué a la ECO.

ABRIENDO EL CORAZÓN

Tienes un hijo de 8 años. ¿Ha afectado tu trabajo a tu vida familiar?

Trato de que afecte poco. Ocurre lo siguiente: si él hubiese vivido conmigo acá en Concepción, como yo siempre salgo tarde, habría estado mucho más atareada y nos afectaría. Por eso he preferido que él esté con mi mamá en Curanilahue. Entonces es positivo en el hecho de que puede estar con el resto de la familia: con los tíos, los primos, mi mamá, y recuperar esa unión familiar, porque los primeros años estábamos los dos solos, y a él le costaba darse en grupo. Ahora eso lo mejoró por compartir con la familia.

Siento que hay un equilibrio: mi hijo siempre me ve feliz, aunque varios pueden juzgarte desde fuera. Nosotros con Adriano hablamos siempre y a él le encanta venir a la ECO a acompañarme; él me escucha hacer clases, y siento que no todos los hijos pueden acompañar a sus padres al trabajo. El hecho de que él esté acá y sepa que le ayudamos a personas a hablar, y sepa que acá lo pasamos súper bien, que conformamos un equipo humano súper rico, lo disfruta. Él ve que somos como una familia, y él le gusta venir para acá, porque puede compartir con todos. Entonces, aunque no pueda estar diariamente con él siento que ha influido positivamente.

Cuando no estás en la ECO, ¿qué haces?

Duermo (ríe). Tengo la política de que llego a mi casa y me desconecto de la Escuela. Leo, duermo, estoy con mi hermano y la Maka (su polola), y nos reímos, cantamos, vemos series. A veces me gusta salir a conducir de noche (ríe) y me gusta también compartir un café, un chocolate…

Jamás llevo el computador de la ECO, porque mi casa es mi casa. La ECO siempre está de fondo, pero puedo desligarme y evitar que me absorba.

¿La palabra que más te define es…?

Amor. Puede sonar cursi, pero para mí no lo es. Yo siento que llegué a la ECO y empecé a querer a todos; generalmente uno está juzgando a los demás, pero si amas, lo haces sin importar cómo es la otra persona. El amor puede transformar a los personas, y yo creo en eso. Esa es la clave.

¿Qué es para ti la vida?

Siento que la vida es una oportunidad para aprovechar de aprender. Una de las cosas que más me gusta es aprender. Siento que la vida es independiente a mí; la vida continúa siempre y siento que soy parte de este proceso continuo de evolución.

Si yo puedo influir en este proceso, genial; si puedo entregar algo nuevo a este proceso que se llama vida, que va relacionado con la conciencia, genial. Porque para mí es eso. De hecho si yo leo un libro, es alguien que dejó una pequeña luz. Y si yo puedo dejar esa lucecita para alguien más, aunque yo ya no esté, genial.

¿Cómo te gustaría ser recordada?

Como alguien que es capaz de conectarse con las personas y entregar, no solo conocimiento, sino también afecto. Hay que partir de la base de querer a los otros, no importa quién sea.

¿Cómo te ves en la ECO de aquí a varios años más?

Me gusta la etapa en que estoy ahora, de liderar; para mí es un desafío. Pero veo que puedo hacer crecer la ECO y yo crecer con la ECO también. Lo que yo quiero es que todos estén bien y sean felices, y voy a trabajar para eso.

Veo a la Escuela mucho más grande, mucho más sólida; con más sedes, llegando e impactando a más personas. Y lo que yo proyecto de aquí a muy corto tiempo es que cada entrenador sea capaz de tener su ciclo de conferencias con la idea de llegar al mundo. Porque el mensaje que nosotros llevamos al mundo es muy lindo. Es el “tú puedes”; es un mensaje para que mejores tu auto-diálogo, para que mejores tu comunicación, para que te motives a hacer cosas. Es un mensaje muy potente. Y me imagino que si cada entrenador tiene su ciclo de conferencias, podemos llegar al mundo y cambiar la visión y la perspectiva de las personas, y hacerlas sentir de que en realidad no es tan difícil. Porque muchas de las cosas de la vida no ocurren por el miedo, y nosotros somos ejemplo al hablar frente a 400 personas y controlar ese miedo.

El mensaje de la ECO es un mensaje de amor, porque nosotros no vamos con la idea de querer lucirnos al hablar en público ni de vernos bien, sino que vamos con la mentalidad interna de que estamos ahí y a ese público lo vamos a querer, porque queremos entregarle lo que nosotros sabemos. Por eso es un mensaje de amor y me encanta que así sea.